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¿Y si empezamos a ser creativos?

¿Y si empezamos a ser creativos?

La creatividad está empezando a ocupar actualmente el importante lugar que le corresponde en el desarrollo de la persona, aunque los primeros estudios sobre ésta se remontan a finales del siglo XIX. Ya en 1901 Ribot observó que la creatividad no era exclusiva de genios ni de personas excepcionalmente dotadas, sino que estaba presente en todas las personas con distinto grado de intensidad y aplicación.

 ¿Qué es la creatividad?

La creatividad es una capacidad innata y educable, multidimensional que nos posibilita el modificar y usar las cosas de forma distinta a aquello para lo que fueron creadas, haciéndolo de forma novedosa, original e imaginativa. Supone “salirse de la caja” (out of the box) y arriesgar.

 

¿Se puede enseñar la creatividad?

Elaborar un producto creativo no es algo puntual, exige formación y constancia. La inteligencia parece ser una condición necesaria para el desarrollo de la creatividad, pero no suficiente. Como hemos dicho anteriormente, la creatividad es una capacidad que se desarrolla, educable.

Así, desde la escuela debe fomentarse una educación creativa, insertándose en el currículum de las distintas áreas los siguientes objetivos (Forero, 2006), entre otros:

  •  Despertar en los alumnos sensibilidad frente a los problemas del entorno e interés por su identificación, por interactuar con la realidad y aportar a su comprensión y mejoramiento.
  • Desarrollar habilidad para apreciar la realidad como objeto de estudio y de transformación, utilizando la mayoría de sus sentidos y la habilidad para la identificación creativa de problemas.
  • Estimular un espíritu reflexivo y crítico frente a las posibilidades que le ofrecen los nuevos saberes para captar los mensajes del medio.
  • Conseguir habilidades para la apropiada exploración, organización y síntesis de la información disponible y de la que le suministra directamente el medio.
  • Motivación y habilidad especial para la búsqueda, formación de ideas y soluciones creativas y para relacionar los conceptos técnicos aprendidos con problemas reales de la vida profesional.
  • Espíritu crítico y de indagación para descubrir contradicciones en la información que analiza y para identificar diversas variantes y posibilidades de solución a problemas que se le presentan.
  • Habilidad en el manejo adecuado de distintos métodos para identificar alternativas de solución creativas (problemas investigativos, problemas profesionales, problemas de diseño).
  • Pensamiento científico y técnico fundamentado en sólidos conocimientos.
  • Capacidad para interrelacionar los conocimientos adquiridos con situaciones diversas y en variados contextos.
  • Espíritu de búsqueda de soluciones que respondan creativamente al mejoramiento de los problemas, con parámetros de responsabilidad social.
  • Seguridad y confianza para expresar sus ideas de manera libre y espontánea.
  • Autoconfianza, autoaceptación, una valoración adecuada de las ideas propias y un pensamiento independiente, divergente y seguro.
  • Motivación y disciplina para indagar y profundizar por cuenta propia los temas de los cursos y aquellos que despierten su mayor interés.
  • Hábitos de responsabilidad para realizar las diversas actividades de manera sistemática y con alta calidad, imprimiéndoles un sello personal e innovador.
  • Interés para participar en actividades extracurriculares de diversa naturaleza y referidas a temas variados que amplíen su visión y motiven la generación de ideas creativas.
  • Confianza para emitir juicios objetivos y responsables acerca de los resultados logrados en la elaboración de una idea o producto.
  • Persistencia, claridad científica y tecnológica y organización para llevar sus ideas hasta lograr un resultado final satisfactorio.
  • Habilidades comunicativas para la redacción y la expresión oral que le faciliten comunicar en lenguaje apropiado sus ideas.
  • Manejo de técnicas y herramientas para presentación y sustentación oral y escrita de los trabajos científicos-tecnológicos.
  • Uso de una segunda lengua en la cual pueda comunicar sus invenciones.
  • Capacidad de aceptación del error y de las críticas constructivas, como parte del proceso creativo.
  • Tolerancia ante el posible fracaso de una idea, como punto de partida para un nuevo inicio.
  • Espíritu autocrítico y reflexivo como cualidades necesarias para una adecuada asimilación acerca de las razones por las cuales una idea o producto tuvo o no éxito.
  • Perseverancia como principal condición para vencer los obstáculos enfrentados.
  • Tenacidadpara alcanzar los objetivos propuestos, replanteando las ideas creativamente hasta que sea necesario.

 

Algunos factores que inhiben la creatividad  tanto en casa como en la escuela (Soto, 2013 )son:

  • La forma en que los padres y educadores abordan el proceso educativo: imposición de ciertos criterios unilaterales y un enjuiciamiento permanente de la conducta del niño.
  • La crítica usada de forma reiterativa y sistemática en cuanto a sobreprotección, al ofrecerle la solución a los problemas, en vez de ayudarlo para que él mismo encuentre soluciones.
  • El medio social como resistente al cambio elimina toda posibilidad de búsqueda de soluciones por parte del niño y estimula el conformismo y desconfianza en su capacidad de creación.
  • Ofrecer a los niños patrones elaborados previamente por el adulto (libros de colorear, repetición de escrituras, etc.)
  • Cultura orientada hacia el éxito con sanciones contra el cuestionamiento y la exploración.
  • Importancia excesiva sobre el rol del sexo.
  • Educación apegada a las normas y programas (un adulto enseña y un niño aprende y memoriza).
  • Juegos educativos”, videojuegos o televisión que vuelven al niño “receptor” pasivo y sedentario.

 

Como ejemplo de la vida diaria de un niño en la escuela, os dejamos este breve relato de Helen  Buckley, “El niño pequeño“, con el que más de uno seguro que se siente identificado.

Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era bastante pequeño y era una escuela bastante grande.. Pero cuando el  pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz y la escuela ya no parecía tan grande. 
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:
– Hoy vamos a hacer un dibujo.
– ¡Qué bien!- pensó el niño. Le gustaba hacer dibujos. Podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos… Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
– Esperen, no es hora de empezar-y esperó a que todos estuviesen preparados.-Ahora –dijo la maestra- vamos a dibujar flores.
– ¡Qué bien!- pensó el niño- me gusta dibujar flores. Y empezó a dibujar flores preciosas con sus colores.
Pero la maestra dijo:
– Esperen, yo les enseñaré cómo. Y dibujó una flor roja con un tallo verde.
El pequeño miró la flor y luego miró la suya. A él le gustaba más su flor, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual que la de la maestra.
 
Otro día, cuando el niño fue a la escuela, la maestra dijo:
– Hoy vamos a hacer algo con barro.
– ¡Qué bien!- pensó el niño- me gusta mucho el barro… puedo hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros- y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo:
– Esperen, no es hora de comenzar- y luego esperó a que todos estuviesen preparados.
– Ahora- dijo la maestra- vamos a dibujar un plato.
– ¡Qué bien! –pensó el niño- a mí me gusta mucho hacer platos – y comenzó a hacer paltos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo:
– Esperen, yo les enseñaré cómo – y ella les enseño cómo hacer un profundo plato.
– Aquí tienen- dijo la maestra- ahora pueden comenzar.
El niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más el suyo, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
 
Muy pronto el niño aprendió a esperar y mirar, a hacer las cosas iguales a las de su maestra.
Un día su familia se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuchar. En su primer día de clase la maestra dijo:
– Hoy vamos a hacer un dibujo.
– ¡Qué bien!- pensó el niño. Y esperó a que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño le dijo:
– ¿No quieres empezar tu dibujo?
– Sí- dijo el niño- ¿qué vamos a hacer?
No sé, hasta que tú no lo hagas- dijo la maestra.
– ¿Y cómo lo hago?
– Como tú quieras.
– ¿Y de cualquier color?
– De cualquier color –dijo la maestra- si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, cómo voy a saber quién lo hizo.
– Yo no sé- dijo el pequeño. Y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde.
 

 Y a ti, ¿qué te gustaría pintar?

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